Ecuación F


El defecto que tenemos todos aquellos que tenemos la (buena) suerte de ser investigadores es la necesidad de cuantificar hasta lo inimaginable. Pero ¿cómo cuantificar algo como el sentimiento de felicidad? Supongo que el instante que dura la Felicidad (F) podría ser la suma de lo que creces y lo que amas, dividida entre lo que te resta energía. Porque la energía, al final, es la base de todo.

Lo que te hace crecer es todo aquello que permite tu Desarrollo Personal (DP): el autoconocimiento, la autoestima, el aprendizaje y la capacidad de vivir de forma coherente con aquello que define tu propio ser.

A ese crecimiento contribuyen también las Relaciones que suman (R), que apoyan e inspiran: amigos y familia que te empujan hacia delante, del mismo modo que todo el gremio de Fairy Tail empujó a Erza en su ataque definitivo contra Azuma en la isla de Tenrou. Camina solo y llegarás rápido; hazlo acompañado y llegarás lejos.

Pero no basta con crecer y amar. Es necesario encontrar el Sentido (S): esa variable que representa que lo que haces tiene un propósito alineado con tu dirección vital; “quién quieres ser de mayor”.

Todo ello debe ir ligado, además, al Cuidado del Cuerpo (CC): la salud física, mental y espiritual, el descanso y los hábitos que sostienen la energía que luego se transforma en la acción.

Si partimos de la base de que la felicidad no aumenta solo sumando cosas buenas, sino disminuyendo lo que drena, el denominador de la ecuación resulta meridianamente claro.  Si el denominador es la unidad, con el numerador todo suma. Pero en el momento en que añadimos algo más como personas negativas, dinámicas tóxicas o el ruido constante, todo empieza a rendir menos. Incluso lo bueno. A esto vamos a llamarle Negatividad (N).

Trabajar en uno mismo es esencial, pero elegir con quién caminas lo es casi más. No se trata de eliminar a todo el mundo negativo, sino de no vivir condicionado por ellos. La felicidad no es aislamiento; es higiene emocional. Es la capacidad de identificar lo que suma frente a lo que divide.

Y aquí entra en juego un factor clave que es necesario añadir al numerador: la Autonomía (A). El desarrollo del carácter personal frente a las decisiones que se presentan y nuestra capacidad de decisión: lo hago porque quiero hacerlo y no me importa lo que digan. Porque el esfuerzo suma, sí, pero la actitud multiplica.

Como dice una preciosa frase del segundo opening en castellano de One Piece: “Y con la firme intención de cumplir sus destinos, zarparon rumbo a su largo viaje; y sin permitir que nadie consiguiera disuadirlos de abandonar su hazaña, partieron en busca de sus sueños”. Somos las decisiones que tomamos, incluso si decidimos disfrutar de un instante de felicidad.