Pedes in terra
No todos los días se ganan batallas, y no todas las derrotas llegan con estruendo. A veces son silenciosas, íntimas, y duelen. Durante años se asumen sacrificios y renuncias, y aun así cuesta aceptar que el esfuerzo no siempre trae recompensa. Las reglas del juego pueden entenderse, pero eso no evita la frustración. Hay una soledad particular en seguir adelante cuando parece que nadie comprende el peso que se carga. En esos momentos surgen las dudas: si valió la pena, si se eligió bien, si todo fue un error. Incluso aparece la pregunta más incómoda: ¿y si no se es suficiente? La tentación de rendirse es real. El cansancio y la falta de resultados la vuelven lógica. Pero no se abandona. No porque no duela, sino porque ya se ha estado ahí antes y se ha salido adelante. Cada caída deja cicatrices, pero también fortalece. Se sigue porque rendirse sería traicionar el camino recorrido y los valores aprendidos de quienes nunca dejaron de luchar. Se sigue porque la duda forma parte del proceso...