Creo porque veo
Un día, sin saber muy bien cuándo, decides plantarle cara a tus miedos y a los demonios que llevas dentro. Aprendes a escucharlos, que ya tiene cojones la cosa, y comienzas la búsqueda de la verdad y del significado de todo para expandirte… y para que tu mundo deje de parecer una habitación sin ventanas. Y entonces intentas rodearte de gente que sume, no de quienes disfrutan viéndote sangrar mientras te dan consejos de Mr. Wonderful. Con el tiempo, consigues ir arrancándote de encima esas partes de ti que ya no encajan. Tomas decisiones. Decides por ti, no por lo que esperan los demás, y empiezas a forjar la identidad de quién eres de verdad, no esa versión low cost que se vende para encajar. Pero hay una trampa preciosa en todo esto: sí, matas a uno de esos demonios. Pero otro, con el tiempo, aparece en su lugar. Y probablemente así funcione la vida; una simbiosis eterna más parecida al Yin y el Yang que a una batalla con final épico y música de Two Steps From Hell (aunque me...