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Adelia

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Lo peor que puede existir es aferrarse a la esperanza de algo que, quizá, nunca llegue, porque eso te mata en el ahora. Vivir anclado a un futuro hipotético te roba el presente, y el presente es lo único que realmente posees. Ahora que lo del pingüino está tan de moda, te das cuenta de que, en el fondo, siempre hemos sido un poco así: desnortados para unos, incomprendidos para otros, cuando en realidad lo único que intentamos es seguir el camino que nuestro corazón quiere mostrarnos. La ciencia, en su infinita necesidad de explicarlo todo, estableció que el comportamiento de aquel pingüino podría haber sido resultado de la desorientación, el estrés extremo o incluso de irregularidades en sus habilidades de orientación; que se separó del grupo por un mero descuido. Pero tal vez, simplemente, quiso seguir su propio camino. Tal vez cerró los ojos para afrontar el dolor que supone avanzar en solitario. Especialmente en días como hoy, en los que el viento, el mar y el frío parecen pon...

Se avecina galerna

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Dicen que las tormentas no llegan para destruirnos, sino para cambiarnos. En medio del ruido, el caos y la incertidumbre, cuando algo dentro de nosotros se reordena, se rompe y despierta. Haruki Murakami decía que una cosa es segura: cuando salgas de la tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. Porque de eso se trata la tormenta. El silencio, aunque incómodo, es el que nos permite percibir la dirección. La infelicidad, por dura que sea, nos obliga a movernos cuando nos quedaríamos quietos por miedo o costumbre. La insatisfacción nos empuja a seguir buscando, a no conformarnos con una vida que no es la nuestra. Cada experiencia, sobre todo las que duelen, deja una lección. Y esas lecciones, aunque no siempre las entendamos en el momento, son las que terminan guiándonos. Porque a veces un final no es un cierre, sino la puerta a un comienzo. No dejes escapar a las buenas personas por culpa de la indecisión. Hay oportunidades que no regresan y vínculos que merecen vale...

El Triángulo de Sierpinski

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En la naturaleza todo sigue un orden: árbol, rama, hoja; pulmón, bronquio, alveolo. Hasta la secuencia genómica. Y todas estas relaciones tienen un nombre: fractales. Todo lo que ocurre en lo pequeño tiene su reflejo en lo grande. Una acción que termina por convertirse en un hábito, y luego ese hábito es quien construye nuestra identidad. Los fractales no juzgan, solo replican. Como los triángulos de Sierpinski: una figura que nace de un gesto simple, de dividir y eliminar, y que, al repetirse una y otra vez, construye una forma compleja, coherente y reconocible. Cada triángulo contiene al anterior y anticipa cómo será el siguiente. Nada es aislado, todo está relacionado. Porque, como reza mi mantra de vida y de investigador: Nada se crea, nada se destruye: Todo se transforma. Ahí es donde entramos: en el punto pequeño. En la decisión mínima, en el gesto cotidiano que parece insignificante, pero que al repetirse acaba dibujando una forma mayor. No controlamos el dibujo completo...

Quema los barcos

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Solía pensar que el amor consistía en encontrar a la persona adecuada, pero la verdad es que se trata de convertirse en la persona adecuada. No se trata de buscar a alguien con quien pasar toda tu vida, sino de transformarte en esa persona. Porque si te centras únicamente en encontrar a alguien, acabarás perdiéndote a ti mismo. Quema los barcos para no poder volver atrás: Cambia de número, elimina de tus redes a quienes no suman, avanza en silencio soltando hábitos, buscando la paz y no la aprobación. Elige los límites que te brindan calma. Cierra el círculo hasta donde sea posible y reduce todo aquello que reste en la ecuación. Elige crecer. No seas accesible a cualquiera, solo a quienes realmente aporten a tu vida. No caigas en la complacencia que alimenta el ego ni en la necesidad de creer que posees la sabiduría absoluta. Reconstrúyete y no dejes nunca de soñar. Como decía Pepe Mujica: “Siempre vale la pena volver a empezar, una y mil veces, mientras uno esté vivo. Derrotados...

Ecuación F

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El defecto que tenemos todos aquellos que tenemos la (buena) suerte de ser investigadores es la necesidad de cuantificar hasta lo inimaginable. Pero ¿cómo cuantificar algo como el sentimiento de felicidad?  Supongo que el instante que dura la Felicidad (F) podría ser la suma de lo que creces y lo que amas, dividida entre lo que te resta energía. Porque la energía, al final, es la base de todo. Lo que te hace crecer es todo aquello que permite tu Desarrollo Personal (DP): el autoconocimiento, la autoestima, el aprendizaje y la capacidad de vivir de forma coherente con aquello que define tu propio ser. A ese crecimiento contribuyen también las Relaciones que suman (R), que apoyan e inspiran: amigos y familia que te empujan hacia delante, del mismo modo que todo el gremio de Fairy Tail empujó a Erza en su ataque definitivo contra Azuma en la isla de Tenrou. Camina solo y llegarás rápido; hazlo acompañado y llegarás lejos. Pero no basta con crecer y amar. Es necesario encontrar el Sent...

2026

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Son de esas cosas que pasan: alguien te para a lo random por la calle y te pregunta qué has aprendido en 2025 y qué esperas del 2026. Te detienes un segundo a pensarlo y la respuesta aparece con bastante nitidez. Probablemente, la mayor enseñanza ha sido desarrollar la confianza en uno mismo en un año en el que has aprendido y crecido más que en todos los anteriores juntos.  Y no, no hablo precisamente de la altura. Por eso, lo que esperas de 2026 también lo tienes meridianamente claro: terminar de aprender a vivir el día a día, el presente. Disfrutar de lo que tienes entre las manos siendo consciente de que, en cualquier momento, todo puede cambiar. La célebre frase de “partido a partido” repetida por el Cholo Simeone nunca tuvo tanto sentido. Esto me lleva a recordar a una profesora de bachillerato que hablaba de la hermosura que había en las ecuaciones. Y se me hace imposible no enlazar esa idea con la ecuación de nuestra propia vida. Tras varias temporadas eliminando ...

Hogar

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Cuando te largas fuera es cuando de verdad aprendes a medir las ausencias. Lejos de todo, descubres qué es lo que pesa, qué es lo que falta y qué es lo que, sin saberlo, te sostenía. Es al volver cuando lo entiendes del todo: puede que afuera estés a cinco grados con un frío de mil demonios, que el viento corte la cara o que el invierno se empeñe en quedarse, pero al cruzar la puerta de casa, hay un calor distinto; uno que no marcan los termómetros y que no existe en ningún otro lugar. Es el calor del auténtico hogar, el que se mete bajo la piel y te recuerda quién eres. Los de esta parte del mundo siempre hemos llevado una canción icónica por bandera. Tal vez hoy la sienta más mía que nunca, porque resume lo que somos y de dónde venimos. Da igual adónde me lleve la vida, los caminos que tome o los horizontes que se abran: sé que aquí nací y aquí quiero quedarme; aquí está mi hogar, donde se acaba el mar. Justo donde se acaba el mar y empieza todo lo demás. Hogar, dulce hogar.

Banco de herramientas

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En la simbología todo tiene un porqué y una razón de ser; hay lenguajes enteros construidos a partir de dibujos. Al final, ¿qué es una letra sino un trazo al que hemos otorgado un significado? Algunos símbolos pesan más para unas personas que para otras. Una cruz no representa lo mismo para un cristiano occidental que para un budista o un musulmán. Somos nosotros quienes concedemos a los símbolos el poder que tienen. Hay símbolos que nos recuerdan a personas que fueron importantes a lo largo de nuestra vida y que, aunque ya no estén, siguen acompañándonos. Personas que sentaron en nosotros las bases sobre las que hoy nos sostenemos no con pies de barro, sino con cimientos de hormigón armado. Hace muchos años, hubo un hombre que, en su banco de herramientas, me desmontó un carburador para enseñarme sus tripas, abrió rodamientos para darme las bolas con las que jugaba a las canicas y puso una peonza girando sobre la palma de mi mano. Donde quiera que esté ahora, allá arriba, dise...

Mar de fondo

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Todo camino llega, inevitablemente, a su fin. Y quizá sea así porque solo cerrando una etapa podemos atrevernos a iniciar otra. Cuando hay mar de fondo, el océano devuelve a la orilla aquello que guarda en sus entrañas: algas, troncos, restos de naufragios y también toda la basura que el ser humano ha arrojado a sus aguas. El mar se limpia a sí mismo expulsando lo que le sobra, lo que no le pertenece. Quizá, del mismo modo, nosotros debamos aprender a dejar que salga a la superficie aquello que nos pesa. Como diría Théoden: Si este es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en las memorias. Porque, en el fondo, lo que verdaderamente importa no es el desenlace, sino el sentido que damos a cada paso.  Importa el propósito de nuestros actos, la razón por la que luchamos y aquello que, con esa lucha, tratamos de proteger.

Canción

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 Si sigues el ritmo de la otra persona, eso es porque te importa. Malditas letras de canciones.