Se avecina galerna
Dicen que las tormentas no llegan para destruirnos, sino para cambiarnos. En medio del ruido, el caos y la incertidumbre, cuando algo dentro de nosotros se reordena, se rompe y despierta.
Haruki
Murakami decía que una cosa es segura: cuando salgas de la tormenta, no serás
la misma persona que entró en ella. Porque de eso se trata la tormenta.
El
silencio, aunque incómodo, es el que nos permite percibir la dirección. La
infelicidad, por dura que sea, nos obliga a movernos cuando nos quedaríamos
quietos por miedo o costumbre. La insatisfacción nos empuja a seguir buscando,
a no conformarnos con una vida que no es la nuestra.
Cada
experiencia, sobre todo las que duelen, deja una lección. Y esas lecciones,
aunque no siempre las entendamos en el momento, son las que terminan
guiándonos. Porque a veces un final no es un cierre, sino la puerta a un
comienzo.
No
dejes escapar a las buenas personas por culpa de la indecisión. Hay
oportunidades que no regresan y vínculos que merecen valentía. Recuerda que la
atención verdadera es rara, y que tú eres tu proyecto más valioso: no vivas a
medias, ni sientas a medias, ni sueñes a medias.
Porque
al final, como toda tormenta, lo que parece destrucción son los pilares del
nuevo mañana.
