Días de mar
Hay
días en los que la consciencia te regala el privilegio de habitar plenamente el
presente. De sentir el olor a salitre, el mar golpeando de costado contra el
casco, el balanceo que recorre cada extremidad y te recuerda que formas parte
de algo más grande que la individualidad.
Dicen
que las soluciones a todos los problemas están en el agua salada: el sudor, las
lágrimas y la mar. Y es que la mar tiene algo difícil de explicar.
A
veces te descubres, en una tarde cualquiera, tostándote bajo el sol, con la
piel cubierta de sal y los músculos doloridos, pero con el corazón profundamente
agradecido por estar ahí y por poder sentirlo.
Es
entonces cuando sabes que has aprendido a vivir en el presente. Cuando lo dices
en voz alta y alguien, medio en broma, te pregunta si te estás muriendo.
Todos
nacemos para morir, pero solo muere aquel que no vive para lo que nació. Porque
al final, no hay nada más sencillo ni más hermoso que compartir el tiempo con
quienes te hacen sentir vivo.