Cuatro elementos
Hace
unos días, en uno de los foros en los que participo como ingeniero, alguien
compartió el libro “The Fourth Industrial Revolution”, de Klaus Schwab. No es
un libro apasionante, lo que suele ocurrir con cualquier libro técnico, ni
descubre la piedra filosofal, pero sí que ordena algo que cada vez más expertos
intuyen: no vamos a ser capaces de afrontar lo que se nos viene durante los
próximos años solo con conocimiento técnico.
La
irrupción de la IA generativa, cambios de paradigmas energéticos, hasta los
cambios en las dietas de la gente… El mundo está cambiando más rápido de lo que
nos pensamos.
Para
afrontar estos retos hace falta una mente capaz de entender un mundo que ya no
se deja dividir en departamentos estancos y donde ahora todo está conectado.
Hace falta un corazón sosegado que sepa cómo gestionar emociones cuando todo
puede cambiar en menos de 24 horas y, además, un alma que aporte propósito,
confianza y que vea más allá de la inmediatez. Por supuesto, también un cuerpo
que sostenga todo lo anterior.
Sin energía, salud y equilibrio, no se sobrevive. Y lo curioso es que esto tampoco es nuevo.
Hace
más de dos mil años, Tales de Mileto, Anaxímenes, Heráclito o Jenófanes ya
hablaban del agua (mente), el aire (espíritu), el fuego (corazón) y la tierra
(cuerpo) como los elementos que explicaban el mundo, y Empédocles terminó de
ordenar la idea.
Con los milenios cambiará el lenguaje, la tecnología y el contexto… pero seguimos siendo mente, corazón, espíritu y cuerpo. Y, casi siempre, acabamos volviendo a lo mismo: la vieja guardia ya había estado allí.
