Resurrection


Después de semanas en pausa, sin pensar en nada, dejando que el tiempo simplemente pase, aparece uno de esos pensamientos que no se buscan, pero que parecen destinados a encontrarte.

El camino recorrido hasta aquí enseña a soltar. A renunciar incluso a aquello que durante un tiempo formó parte de uno mismo, porque hay etapas que necesitan cerrarse. Sí o sí necesitas mirar hacia dentro, sin filtros, y responder a preguntas incómodas. 

Y entonces, un día cualquiera, como un Domingo de Resurrección, surge la decisión de ir un paso más allá: de renunciar también a las señas de identidad. A esos objetos que, sin darse cuenta, acaban construyendo parte de lo que uno cree ser: los pendientes de pirata, la medalla de los ancestros, el anillo de lapislázuli como recompensa silenciosa de las victorias. Pulseras, pendientes, collares, gomas, anillos…

Llega el momento de soltarlo todo y de quedarse únicamente con lo que eres: el pelo corto, el cuerpo desnudo y los tatuajes que dejan las cicatrices de todos los caminos recorridos. Y es ahí donde aparece la verdadera decisión: seguir subiendo de nivel.

No para ser más que nadie, sino para encontrarse. Porque, como dicen los antiguos pensadores griegos: la única forma de tener el control es renunciar a él. Y eso implica descubrir quién se es en realidad. La fuerza que existe bajo el control y el conocimiento de uno mismo.