Creo porque veo
Un día, sin saber muy bien cuándo, decides plantarle cara a tus miedos y a los demonios que llevas dentro.
Aprendes a escucharlos, que ya tiene cojones la
cosa, y comienzas la búsqueda de la verdad y del significado de todo para expandirte… y para que tu
mundo deje de parecer una habitación sin ventanas. Y entonces intentas rodearte
de gente que sume, no de quienes disfrutan viéndote sangrar mientras te dan
consejos de Mr. Wonderful.
Con
el tiempo, consigues ir arrancándote de encima esas partes de ti que ya no
encajan. Tomas decisiones. Decides por ti, no por lo que esperan los demás, y
empiezas a forjar la identidad de quién eres de verdad, no esa versión low cost
que se vende para encajar.
Pero
hay una trampa preciosa en todo esto: sí, matas a uno de esos demonios. Pero otro,
con el tiempo, aparece en su lugar. Y probablemente así funcione la vida; una simbiosis eterna más parecida al Yin y el Yang que a una batalla
con final épico y música de Two Steps From Hell (aunque me flipe TSFH, todo sea dicho).
Antes
los demonios venían haciendo ruido, con un hacha o una motosierra, dejando
claro que querían destrozarte. Ahora son más elegantes y más hijos de puta. Una
daga bien afilada, el veneno exacto en la copa adecuada y las palabras precisas
para que dudes si la copa con la calavera es la peligrosa… o si la
verdaderamente jodida es la que sostienen con una sonrisa mientras te miran a
los ojos. Y elige, campeón.
Hace
unos días, entrenando, alguien a quien respeto mucho me dijo que, con los años,
las personas muestran cada vez más quiénes son en realidad y que la gente no
cambia. Y yo no estoy de acuerdo.
Creo
en el cambio. Pero no en ese cambio de taza con frase motivacional y foto en
blanco y negro mirando al horizonte. Creo en el cambio de verdad. En el que
duele. En el que te obliga a romperte entero para reconstruirte distinto. Creo
en el cambio de una persona que tiene el valor de decir "cambiar" y acompaña sus palabras con hechos. Creo que atravesar
el dolor, en lugar de esquivarlo, transforma. Y, en mi caso, esto es como la fe:
creo porque veo.
Al
final, todo depende de la intensidad con la que realmente quieras las cosas. Y eso es lo que nos define.
