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Este último año ha sido el año de aprender sobre el “Amor fati”; el todo pasa por algo que siempre termina sorprendiéndonos, incluso en lo más inesperado.

Lo que menos imaginabas es que varios meses entrenando en solitario serían la preparación para la tormenta que se cierne; para esas olas inmensas que zarandean tu cáscara de nuez, pero que no la hunden.

Cuando formas parte de un equipo y tienes que entrenar solo, en realidad, tienes tres opciones: plantarlo porque eres incapaz, hacer lo que te mandan y hacer eso… y un poco más. El límite eres tú. Tú decides si te rindes, te conformas o si subes un escalón.

Cuando entrenas solo, nadie aplaude el trabajo bien hecho. Nadie te da una palmada. Nadie te dice “lo hiciste bien”. Y hacerlo, o no hacerlo, depende únicamente de ti. No está el calor del compañero que te levanta el ánimo y el efecto de grupo. Eres tú contra ti mismo, y no hay peor enemigo que nosotros delante de un espejo.

Supongo que la vida nos forja carácter hasta para esto. Para tener espíritus que no sean creados para la derrota: moldeados por tormentas y sostenidos por Él, que gobierna desde el cielo.

Si este último año he aprendido algo, es que las dificultades a las que se enfrenta el espíritu de cada uno no lo quiebran; lo fortalecen. Y quien intente derribarlo tendrá que enfrentarse primero a la fuerza que lo levantó del fango: al Alfa y el Omega.

La preparación no siempre precede a la elección; a veces es la elección la que te prepara. A David no le entregaron una corona: le pusieron a Goliat delante. Y a pedradas con él, que no es nadie.

Por el honor a esos momentos en los que solo están el sudor, el silencio, Dios y tú, nada más. Por esos momentos en los que tomas la decisión de vaciarte, sufrir, aguantar, respirar hondo y no rendirte. Apretar más, sentir más. Confiar en ti. Por esos momentos en los que, a solas, te descubres a ti mismo.

Porque quienes entienden el valor del camino saben que rendirse nunca fue una opción. Y el jefazo, en silencio y soledad, libera más energía que una bomba nuclear. Un año más aprendiendo, y por el que no dejo de dar las gracias. Believe in your heart.

¡A por el siguiente!