34
Este último año ha sido el
año de aprender sobre el “Amor fati”; el todo pasa por algo que siempre termina
sorprendiéndonos, incluso en lo más inesperado.
Lo que menos imaginabas es
que varios meses entrenando en solitario serían la preparación para la tormenta
que se cierne; para esas olas inmensas que zarandean tu cáscara de nuez, pero que
no la hunden.
Cuando formas parte de un
equipo y tienes que entrenar solo, en realidad, tienes tres opciones: plantarlo
porque eres incapaz, hacer lo que te mandan y hacer eso… y un poco más. El
límite eres tú. Tú decides si te rindes, te conformas o si subes un escalón.
Cuando entrenas solo, nadie
aplaude el trabajo bien hecho. Nadie te da una palmada. Nadie te dice “lo
hiciste bien”. Y hacerlo, o no hacerlo, depende únicamente de ti. No está el
calor del compañero que te levanta el ánimo y el efecto de grupo. Eres tú contra
ti mismo, y no hay peor enemigo que nosotros delante de un espejo.
Supongo que la vida nos
forja carácter hasta para esto. Para tener espíritus que no sean creados para
la derrota: moldeados por tormentas y sostenidos por Él, que gobierna desde el
cielo.
Si este último año he
aprendido algo, es que las dificultades a las que se enfrenta el espíritu de
cada uno no lo quiebran; lo fortalecen. Y quien intente derribarlo tendrá que
enfrentarse primero a la fuerza que lo levantó del fango: al Alfa y el Omega.
La preparación no siempre
precede a la elección; a veces es la elección la que te prepara. A David no le
entregaron una corona: le pusieron a Goliat delante. Y a pedradas con él, que
no es nadie.
Por el honor a esos momentos
en los que solo están el sudor, el silencio, Dios y tú, nada más. Por esos momentos
en los que tomas la decisión de vaciarte, sufrir, aguantar, respirar hondo y no
rendirte. Apretar más, sentir más. Confiar en ti. Por esos momentos en los que,
a solas, te descubres a ti mismo.
Porque quienes entienden el
valor del camino saben que rendirse nunca fue una opción. Y el jefazo, en
silencio y soledad, libera más energía que una bomba nuclear. Un año más
aprendiendo, y por el que no dejo de dar las gracias. Believe in your heart.
¡A por el siguiente!
